Soy un ciudadano mexicano que, sin saber prácticamente nada de política, se ha cansado de escuchar insultos completamente equivocados en contra del intelecto del aún actual presidente de México. Me cansé de escuchar tantos discursos extremistas incapaces de ver más allá de su propia nariz, de ver a tantas personas repetir las palabras sin sentido de su líder político. Me cansé de estar callado. De nuevo, sin saber de política, quiero abrir un espacio para dar mis opiniones como mexicano que paga impuestos. Tal vez puedas estar de acuerdo o no con ellas, pero son igual de válidas como las de cualquiera.

A unos pocos días de que termine el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, creo que se le ha llamado de todo, pero, para resumirlos en uno solo, quiero decir algo muy claro: AMLO no es ningún pendejo. Me parece que esto es algo que todos los mexicanos debemos tener muy presente, sobre todo ahora que su sucesora continúe con su legado. Amigo opositor, ¿de verdad crees que un pendejo podría hacer y lograr todo lo que Andrés Manuel hizo? Si lo piensas seriamente es probable que llegues a la misma conclusión que yo: AMLO no es un pendejo, sino algo mucho peor.

Debemos entender que alguien que es capaz de pararse todos los días y decir las mentiras que quiera frente a millones de mexicanos, recibiendo aplausos sin importar el tamaño de la barbaridad que haya dicho, es porque logró llevar a cabo un plan pensado cuidadosamente y en el cual supo leer al pueblo para descubrir el camino que lo llevaría lo más cerca posible del poder absoluto. Para mí AMLO es simplemente malvado y perverso, ya que el líder de un partido que califica de golpistas a las familias de niños con cáncer que alzan la voz porque no hay medicinas para sus hijos, sólo por mencionar un ejemplo, no puede tener otro adjetivo.

El mayor problema de todo ya lo dijo Arturo Pérez-Reverte hace unos años: …juntas a un malvado con mil tontos y tienes en el acto mil y un malvados. Opinar diferente a mí no hace tonto ni menospreciable a nadie, lo que en verdad quiero decir es que, ante tal cantidad de evidencia de lo que ha hecho AMLO y su movimiento, realmente me parece imposible que pueda pasar la prueba ante un ejercicio sincero de pensamiento crítico. El no someter a esto a nuestros representantes políticos crea una vulnerabilidad en el pueblo que, como se nos está demostrando, puede aprovecharse para dañarlo profundamente; daño del cual nosotros mismos nos convertimos en cómplices, siendo a la vez tanto víctimas como victimarios.

Si le sirve a alguien, como ciudadano de un país con una democracia en agonía, quiero decir que, sin importar la ideología, no le hacemos un favor a nadie apoyando ciegamente a un partido político o a un representante, no nos hacemos un favor ni siquiera a nosotros mismos si prestamos nuestro tiempo y voz para amplificar un mensaje que no hemos cuestionado, para el que no hemos servido de contrapeso en la balanza de la veracidad, que hemos aprobado sin pensar, sólo porque alguien logró convencernos de que era nuestra mejor opción y no sabemos si podremos perdonarnos el habernos equivocado.